
Los personajes de Borges, Pierre Menard, Ireneo Funes, Lönnrot, desempeñan impecablemente su trabajo, pero con cama afuera: terminada su jornada en el texto al que pertenecen, se van a su casa y el lector no sabe nada más de ellos. En cambio Aballay, de Di Benedetto, o el Hombre que Vio a la Partera, de Arlt, o Nastasia Filipovna Baráshkova, de Dostoievsky, se quedan después de hora, toda la noche están ahí; tal vez no por amor al lector sino porque, afuera, alguien los espera para asesinarlos.
